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Profr. Juanito Martínez de Osaba y
Goenaga
Música:
Cachita
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Comentario
del Dr. Jaime Cervantes al nostálgico y hermoso artículo:
“Napoleón”
Del Profesor Juan Antonio Martínez de Osaba y Goenaga.
Me causó sorpresa y alegría el recibir de mi hermano Juanito Martínez de
Osaba y Goenaga, un articulo llamado NAPOLEÓN REYES y mi cerebro comenzó
a recordar aquellos días de mi niñez, en que nos emocionábamos al
máximo, saber de estos gigantes del beisbol y tomé de mi libro MI
RELIGIÓN Y SU DIOS TEOBOL, lo siguiente: (Cursaba por entonces el 5o año
de Primaria en 1946)
Recuerdo cuando en la Escuela Aquiles Serdán, en febrero, se comenzaba a
hablar de don Jorge Pasquel y de los jugadores que iban a venir con el
Puebla; en las horas de clase comentábamos alegremente con Cruz Fierro,
Arturo Montalvo, Encarnación Pérez, Refugio Rojas, Silvestre Hernández,
con un niño al que le decíamos "Albóndiga", Corona, José Hernández "la
Chillona" (le pusimos así porque cuando nos encerraban en el calabozo
debajo del teatro se ponía a llorar gritando) y; Daniel López "la Güera".

Equipo Puebla, Mayo de 1946. De izquierda a derecha y de
arriba hacia abajo. 1) Juan Conde, 2) Bernardo López, 3) Luis "Molinero"
Montes de Oca, 4) Francisco "Cisco" Campos, 5) José Luis "Chicalón"
Méndez, 6) Adolfo Luque, 7) Salvatore "Barbero" Maglie 8) Sagua
Hernández, 9) Gamo Pagés,
10) Napoleón Reyes, (de pié extremo derecho),
11) Beto Ávila, 12) Corazón Torres, 13) Sandalio Consuegra, 14)
Francisco Coimbre, 15) "Huevo" Álvarez, 16) "Chachapa" Romero, 17)
Adrián Zavala y 18) "Mosquito" Ordeñana.
Todo era emoción, cuando entre nosotros platicábamos de Adolfo Luque, de
las estrellas del Puebla, y de que el martes siguiente iban a empezar a
entrenar a las 11 de la mañana. Sabíamos que venían de las Ligas Mayores
y había excitación de pensar que pronto los veríamos. Ese martes
siguiente anhelábamos que pronto se terminaran las clases, pues salíamos
a las 12 horas para volver a entrar a las 3 de la tarde. Tan pronto nos
formábamos frente al teatro de "Aquiles Serdán", abajo del reloj que
marcaba las 11:55, ya queríamos que pronto se juntaran las dos
manecillas para que sonaran las campanas. Veíamos con ansiedad al
Profesor Jorge Navarro, quien nos decía que tomáramos distancia y
nosotros levantábamos las manos en la espalda
del niño que estaba adelante; luego veíamos el reloj, hasta que por fin
sonaba la campana y salíamos a la puerta que daba para la 13 Sur y 25
Poniente. Apenas si salíamos, todo el grupo de beisbolistas nos íbamos
corriendo en dirección del Hospital Civil y llegábamos al Parque. Por
ahora no había necesidad de pedir que algún aficionado nos metiera pues
la entrada era libre, pero todas las tribunas de sombra estaban
abarrotadas de gente viendo la práctica; ¡sólo era la práctica!
Había enorme admiración por los jugadores. Nosotros veíamos como
roleteaban a Beto Ávila en la segunda base, y éste tirándole al "Huevo"
Álvarez, que pivoteando le daba a Napoleón Reyes en primera, el cual
cruzaba el tiro a Molinero y éste la regresaba a Bernardo López, el
cátcher. Todos los tiros eran exactos y con gran rapidez. Luego Bernardo
al recibir el tiro casi sólo retachaba en su manopla para dársela a
Adolfo Luque y éste con el fungo repartía rollings a todo el cuadro.
Después de cada vuelta al cuadro el público aplaudía con bastante
emoción y nosotros quedábamos extasiados al ver cómo jugaban la pasión
de Puebla, el Beisbol.
En el outfield se colocaban Coimbre y el "Chachapa" en el rightfield, el
"Gamo" Pagés y Francisco Campos en el centerfield, y Sagua Hernández en
el left field, dando tiros a la segunda, a la tercera y a home. Todo era
aplausos, que se mezclaban con los gritos de Napoleón Reyes, del
"Mosco" Ordeñana y los de Luque que hacían reír a toda la fanaticada.
Los jugadores, viendo que divertían al público, procuraban seguir
gritando alguna broma.

De izquierda a derecha: Adolfo Luque,
Sagua Hernández y Mickey Owens
En las prácticas de bateo se veían tremendos garrotazos - uno que otro
fuera del parque - aplausos, más aplausos y las gradas bien llenas. De
repente preguntamos qué hora es: son las 2:30 de la tarde y todavía no
comíamos, teniendo que regresar a la escuela a la 3:00 de la tarde. Como
vivíamos hasta Santiago, nos salíamos corriendo de la práctica para ir a
comer; en la casa ya nos esperaban dándonos una regañiza por llegar
tarde. Comíamos a medias mientras mi madre nos gritaba que ya era
demasiado tarde para regresar a la Escuela, a la que llegábamos otra vez
corriendo a las 3:30 de la tarde. El profesor Jorge Navarro nos recibía
regañándonos por el retardo y nos paraba en la puerta de la clase
durante 30 minutos como castigo, pero para nosotros eso no valía.
Después de que nos perdonaba pasábamos a la clase apenas sí nos
sentábamos los demás compañeros ya nos estaban preguntando cómo había
estado la práctica, cómo es Napoleón Reyes, cómo es Adolfo Luque, cómo
es Salvatore Maglie, y nosotros los describíamos como fenómenos, como
algo sobrenatural. Según la fantasía con que nosotros los percibíamos,
eran jugadores de las Ligas Mayores.
Ahora que me encuentro escribiendo esto, hasta las lágrimas se me
derraman por la emoción de recordar la niñez que me tocó vivir.
En otra parte del mismo libro comento lo siguiente:
Lo mismo que decían de los jugadores de las Ligas Negras, exactamente
pasaba aquí en los portales, los jugadores negros eran elegantes, cuando
caminaban con trajes de colores alegres y oscuros con zapatos, negros y
blancos o cafés y blancos.
Sagua Hernández, jugador negro cubano, llegaba al parque Puebla en un
coche convertible al descubierto, acompañado de su guapísima y elegante
esposa; él ya uniformado de impecable limpieza y con zapatos de estar en
casa. En igual forma llegaban otros cubanos: Napoleón Reyes, el Gamo
Pagés, Sandalio Consuegra, Coimbre. Nosotros, cuando niños, veíamos cómo
llegaban al parque; les pedíamos entrar con ellos cargándoles las
maletas; tal vez acordándose de su niñez, con muy buena intención, nos
daban el guante, los spikes o la maleta.
Aprendimos a ser serviciales para recibir el favor de entrar a ver el
béisbol del Parque Puebla.

Cuarteta de Jarochos. De izquierda a derecha: Luis
“Molinero” Montes de Oca,
Bernardo López, “Huevito” Álvares y “Beto” Ávila
Nos recordamos ahí, cuando vimos bajar de un taxi a Napoleón Reyes
frente al Parque Puebla; ahí mismo había un caño de agua de azufre saltó
el caño y casi nos caía encima; le pedíamos cargarle sus spikes para
entrar al juego y nos decía:
- ¿Te gusta el béisbol?
Y con tanta timidez le contestábamos:
- Si-
Me agarraba del hombro y pasábamos la entrada con él y sintiéndonos un
poco seguros adentro le aventamos los spikes; arrancábamos a correr a la
entrada de sombra, nos colocábamos en un lugar cercano del dugout, la
gente que tenía posibilidades alquilaba cojines para sentarse y tan
pronto como alguien se paraba a comprar algún refresco o tortas nosotros
nos sentábamos en él.
Napoleón
Profesor Juan Antonio Martínez de Osaba y Goenaga.
Ante título tan sugestivo, seguramente
piensan que hablaremos de Bonaparte, aquel que de un tirón, saltó de
teniente a general, mariscal, cónsul y hasta se autoproclamó emperador.
Forjó una dinastía envidiable. Continuó con métodos violentos y tuvo
como mayor virtud desarraigar el feudalismo de Europa, enquistando el
entonces revolucionario capitalismo. El Código que lleva su nombre sigue
vigente en Francia y otros países
Pero aquí hablaremos de pelota y
Napoleón Bonaparte murió en 1821, cuando a nadie se le había ocurrido
crear este bello y distinguido juego. Tampoco lo hubiera asimilado bien,
porque sus bases vinieron del cricket inglés y con los británicos él no
quería nada. Tan es así, que fueron los que lo vencieron. Por un golpe
de suerte del general Wellington, pero vencedores al fin. Nada, que tal
personaje merece capítulos aparte, que pertenecen a otros escritores.
Hoy hablaremos de otro Napoleón,
también con apellido de la nobleza. Nos referimos a Napoleón Reyes,
pelotero insigne de la pelota cubana de ayer, casi olvidado en la Isla,
por el tiempo y también por deseos de muchos, que olvidan o pretenden
olvidar la historia. En tal bando no comulgamos.
Es máxima marxista que a los hombres
hay que medirlos en su justo medio y momento, sin extremismos, porque
cada cual es lo que es, cuando lo puede ser y no cuando otros quisieran
que fuera. Solo con los pies en la tierra se es justo, para poder
criticar, halagar y, sobre todo, ser consecuentes.
Napoleón Reyes Aguilera nació el 24 de
noviembre de 1919 en Santiago de Cuba, cuna de jugadores inmortales,
ayer y hoy. Falleció en la ciudad de Miami, el 15 de septiembre de 1995.
Como tantos otros, decidió continuar sus periplos por los vecinos del
norte a raíz de los acontecimientos revolucionarios de 1959.
En las décadas del cuarenta y del
cincuenta del siglo XX, fue el pelotero show de la Pelota Cubana. Se
destacó en circuitos amateurs y profesionales, desde 1937, cuando se
inició para el club Fortuna, después con la Universidad de La Habana y
en el Equipo Cuba de entonces, junto a Ealo, Marrero, "Jiquí" Moreno,
Quicutis, Carneado y tantos estelares.

Bahía de Santiago, Cuba
En la temporada 1941-42 se hizo
profesional con los Alacranes del Almendares; alcanzó promedio ofensivo
de 319. Desde ahí hablaron encomiásticamente de él, que traía aureola
distinguida del amateurismo. Fue el jugador que rompió el hielo entre
aficionados y profesionales en Cuba. No fue el primero, pero su paso a
la liga rentada dejó huella que siguieron muchos más. !tal era su
popularidad!
No lo vi jugar, pero crecí con él. En
mi pueblo se habló y habla, cual si estuviera con nosotros, del batazo
que conectó en un desafío hace más de cincuenta años en nuestro estadio.
Dicen los antiguos que la bola pasó sobre las matas detrás del jardín
izquierdo, por encima de la casita de los peloteros.
He aprendido a no dudar nada, pero
aquello parece descomunal. No hay una vez que entré al Ramón González
Coro, que no miré para allá e imagine aquel batazo espectacular, como
todo lo que hizo Napoleón. ¿Quinientos o seiscientos pies? Difícil
determinar la senda de tal estacazo. Sigo con mis dudas, aunque tanto lo
haya oído; crecí con él.
Jugó con Almendares, hasta que un día
Adolfo Luque tomó difícil decisión y lo cambió por el estelar Regino
Otero, para que jugara por el Cienfuegos. Luque dijo que con Napoleón
ganaría el torneo de 1945-46 y así fue. ¿Premonición, sabiduría,
inspiración? Hubo de todo en el inmortal "Papá Montero".
Si Napoleón Reyes dejó una impronta
decisiva como jugador, a mi juicio donde más se destacó fue de manager.
Lo conocí con el Marianao, donde le vi hacer jugadas complejas y
discutir como miura decisiones cerradas. Los ampayas le respetaron,
alguna que otra vez se salió de sus casillas y hubo que sujetarlo para
evitar expulsiones definitivas por agresión a los jueces, que tienen la
virtud de sacar de sus casillas a cualquiera.
Quizás sea Napoleón el cubano más
internacionalizado como manager de equipos. Dirigió en México,
Venezuela, Cuba y Puerto Rico. También en la Serie del Caribe al frente
de los transculturalizados Cubans Sugar Kings, a quienes también se les
llamó alguna vez por su verdadero nombre: Reyes Cubanos del Azúcar.
Jugó en Puebla, la tierra de mi
entrañable amigo Jaime Cervantes, a partir de la temporada de 1946. Y
también dirigió el equipo. Después estuvo al frente del México y del
Córdova, donde obtuvo varias coronas en la década del setenta. En 1977
fue manager del Tabasco y también dirigió a los Tomateros de Culiacán.
En la hermana tierra azteca, como jugador, promedió para 320, excelente
average entonces.
En Venezuela estuvo al frente del
equipo Pastora en 1950, con el que ganó en ese país y lo llevó a la
Serie del Caribe. Pudiéramos estar hablando un buen rato del Napoleón
Reyes manager. Hay hombres que no se agotan.
En Grandes Ligas jugó para los Gigantes
de New York a partir de 1943, con altas y bajas. Alguna vez desertó para
irse a México, pero regresó al big show, donde promedió para excelente
promedio de 284. Actuó siempre en el cuadro, principalmente en la
primera almohadilla, donde se necesita ser bateador de verdad.
Su paso por la provincia vueltabajera
dejó huellas. Jugó en diferentes estadios, incluyendo el de la capital,
sito en la calle Sol, del que un día hablaremos. Aunque no lo vi, cada
día lo conozco más; vivo en él.
Contradictorio, violento, carismático,
postalita, de mucho poder, enemigo de la Revolución, de gran raigambre
popular, es Napoleón Reyes de la gente que hay que hablar, porque vivió
sin afeites ni medias tintas; fue genuino. Había que tomarlo o dejarlo.
Aunque en su pensamiento ideológico no comulgáramos con él, es imposible
desdeñarlo en el terreno de juego.
Allí ganó, con su perenne presencia, un
puesto en la historia del béisbol cubano.
Fue un trabajo para Uds., del profesor
Juan Antonio Martínez de Osaba y Goenaga.
Pinar del Río, Cuba, 6 de julio de 2005 |