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Profesor Juan Antonio Martínez de Osaba y
Goenaga
Tema musical:
Frenesí
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Emiliano Tellería.
Por: Prof. Juan Antonio Martínez de Osaba y Goenaga.
Escogedor de tabaco,
estibador y otros oficios en el arte de la dañina planta, nació el 25 de
mayo de 1936 en el pueblo de Puerta de Golpe, quizás no fue el único ese
día, pero sí el que más alto voló en el mundo de las bolas y los
strikes, sinónimo de héroe popular. Origen humilde al que jamás le
ha fallado.
Veía a sus padres
manipular las aromáticas hojas sin roturas, como las exigía el dueño, y
como debe ser. Su apego a la tierra y la familia le permitió adquirir
habilidades para manejar las diferentes capas, hasta torcerlas. De
constitución física envidiable, con salud de toro alimentado, pasó sobre
sus hombros varias toneladas de tabaco, donde adquirió una fuerza
envidiable para golpear la esféride con el madero.

Fábrica de Tabaco
Emiliano Tellería
Urbina no podría recordar
con precisión cuando tomó por primera vez una pelota o un bate. Como
todos los niños humildes de Cuba, creció entre fábulas lejanas de
Formental y Marrero, las cogidas de Cabareta, moreno de engarces
legendarios, Tatita Martínez, receptor excepcional de su pueblo que
emigró temprano a Minas de Matahambre, Ray Gavilán y otros.
Saltó temprano de
los placeres, con quince años engrosó las huestes del equipo de
Herradura en la 2da Categoría. Siempre se desempeñó en la esquina
caliente. Parecía hecho para fildear y disparar certeramente, con
prodigioso brazo, a la inicial.
Se destacó en los
torneos provinciales que organizaba Juan Antonio Camejo. “Los Petroleros
de Ovas”, durante 3 años, conocieron de su magnífico desempeño con
rapidez exclusiva e inteligencia intuitiva.
En 1958, cuando
comenzaba a destacarse, lo convocaron al Borrego Park para que un scout
lo viera. Allí estuvieron Berto Chori, Nené El Vaquerito y tantos otros.
Los avezados ojos del mercader se detuvieron en él. El espía
cazatalentos no buscaba peloteros hechos, venía por condiciones
naturales, jugadores talentosos que pudieran, en un futuro cercano,
integrar la engrasada maquinaria del béisbol organizado de Estados
Unidos.
Ante la mirada de
compañeros y aficionados, el hombre lo llamó aparte y le propuso un
contrato que lo llevó a tierras del poderoso vecino del norte. Miró
alrededor en busca de aprobación de los más experimentados. Aceptación
general; decidió firmar profesional en la organización de los Piratas de
Pittsburg.

Cosecha de Tabaco
Con solo 21 años
dio así el paso más importante de su vida, cambió, para bien o no, su
humilde existencia, podría ayudar a la familia. Fue enviado a la Clase D
para jugar con el Clintra, en el Estado de Iowa.
En Estados Unidos
se clasifican las Ligas en: Triple A, Doble A, A, B, C, D, Ligas
Independientes etc. El muchacho de piel tostada entraría, así, en la
pelota del gigante de las Siete Leguas, como sentenció el Maestro.
En su primera
temporada con el Clintra conectó por encima de la preciada marca de los
300. Cuando en 1959 lo enviaron a Nuevo México quedó champion bate. Se
destacó en 1960 con el Billington de Iowa. En 1961 se desempeñó como
tercera base del Gran Fork, en Dakota del Norte, con average de 298. En
Clase B, de la Costa del Pacífico, con el Estado de Washington, terminó
su carrera, cuando las puertas se le abrían al Big Show de
Grandes Ligas.
Tellería no se
sintió bien por aquellos lares. El racismo descarnado que conoció,
incluso dentro de sus equipos, melló su capacidad de adaptación.
Costumbres anglosajonas, racismo, diferencias sociales por el nivel
económico, la barrera del idioma y la capacidad de convocatoria a todos
sus hijos de una Revolución que prometía y daba a los humildes mejores
condiciones de vida, fueron demasiados obstáculos para su permanencia en
otras tierras.
Romper con
contratos de mejoras económicas y la gloria beisbolera, por regresar con
su familia, los amigos, el terruño y, sus costumbres. Al hombre no se
desarraiga, es él quien elige el camino; Tellería es de los buenos, de
los que aman y fundan, como dijo Martí.
El primer sábado
de julio del 2006, frente a su casa, en la piscina del 10 de Octubre,
dejamos fundada la Peña Deportiva “Emiliano Tellería”. A la convocatoria
del Teniente Coronel Luis González, quien con los años carga ideas
juveniles, acudimos amigos y compañeros de Tellería. Raúl Martínez,
quien leyó unas palabras y recordó aquel fly que no parecía caer,
salido del bate de Emiliano, pero se le olvidó el jonrón que le conectó
y el agasajado lo recordó. El slugger, Adalberto Suárez, no podía
ausentarse a su compañero de tantos años, Lingo, florero y pelotero, que
era una regadera conectando hits y muchos otros.
El inefable kitín
hizo la clausura. En la entrevista Tellería se refirió a su paso por la
pelota norteamericana, su trabajo durante 35 años como entrenador en
diferentes áreas, incluyendo equipos a Series Nacionales, con añoranza
por jugarlas, pero tardías para él y otros, como Lacho Rivero, allí
presente.
Habló de las
figuras que más admiró: Cosa Marín, Nené Martínez, René Melo, Pedro
Formental, Willie Miranda, Héctor Rodríguez. Cuando conoció al gran Hank
Aaron en la racista Jacsonville, donde el hombre con más jonrones y
carreras impulsadas en Grandes Ligas no pudo entrar a un restaurante de
blancos. De los actuales, admira a Casanova, Linares, Luis Crespo,
Juanito Castro, Pedro Luis Lazo.
Quien converse
con Tellería, no pensará que fue tan grande en el diamante, que todo lo
hizo bien y renunció a una carrera en pleno ascenso para reunirse con su
pueblo y la familia que hace más de cuatro décadas fundó junto a su
bella y distinguida esposa, en quien detecté ojos húmedos cuando
hablaban del hombre de su vida.
Ella contó cómo
Tellería regresaba de Estados Unidos y repartía su ropa entre amigos y
vecinos, que no tiene nada de él, humilde de cuna y corazón. El mismo
que hoy, alejado del diamante, se distingue como “domicilio” de su zona,
con 70 juveniles primaveras, anunciando que hay Tellería para rato.
Quizás no pueda
ubicar al rubio que, herido en su amor propio por la calidad del
cubanito, le tiró duro la pelota y él no quiso ir a buscarla, lo que
provocó su despido, pero mantuvo la dignidad.
Emiliano Tellería
elige vivir del recuerdo de años de sudor que se proyectaron al
infinito. En la galería eterna de héroes vueltabajeros, está por siempre
este hombre que, a los 26 años, en plena efervescencia deportiva, colgó
el guante para vivir en su pueblo y, con el corazón, enseñar a los
demás.
Fue un trabajo
para uds., del profesor Juan Antonio Martínez de Osaba y Goenaga.
Pinar del Río, Cuba, 24 de agosto de 2006 |