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Prof. Juanito Martínez de Osaba y Goenaga

 

 

 

 

 

 

 

 

Tema musical: Guajira

 

 

El amigo Eddy

Prof. Juan Antonio Martínez de Osaba y Goenaga

Comentario del Dr. Jaime Cervantes Pérez:

Estaba leyendo el artículo de mi hermano Juanito Martínez de Osaba y Goenaga y me llegaron a la mente recuerdos bellísimos de los tiempos que hemos pasado cuando voy a Cuba. Grandes momentos y hermanos de este lugar, los tengo muy presentes.

Me recuerdo haber ido el día 10 de octubre de 2003, al XXXV COPA DEL MUNDO DE BÉISBOL EN CUBA, y que al mismo tiempo la Universidad de Pinar del Río me había hecho el favor de invitarme a dar una conferencia.

Al gran amigo Raúl González, Ex–Presidente de la Liga Mexicana, lo encontré en el aeropuerto de la Ciudad de México, por casualidad ahí iba la Selección de México en el mismo avión y me hizo el favor de recomendarme con otro gran hombre y amigo que es el Lic. Roberto Magdaleno, Vicepresidente del Equipo Monterrey para acreditarme ante el béisbol cubano y él bondadosamente me anduvo trayendo por todos lados, son gestos que no se olvidan fácilmente y que perduran, que a uno le nace agradecimiento para toda esta gente que traté en ese viaje (cuánto siento que armaron un gran equipo en Monterrey que punteando todo el tiempo en el Norte, no haya sido campeón, nos sentimos heridos ya que la gente de esta ciudad merecía tener un equipo vencedor, pero así es el béisbol).

En el Aeropuerto Jose Marti, Habana Cuba, de Izquierda a Derecha:

Lic. Roberto Magdaleno, Vicepresidente del Equipo Monterrey,

Che Reyes Manager de la Selección de México, Mike Brito

y Dr. Jaime Cervantes Pérez

 Hubo una reunión de la Asociación Internacional de Beisbol (IBAF), siendo el titular el Sr. Aldo Notari. Me tocó llegar ahí; como Maestro de Ceremonias de esta reunión estaba mi gran amigo y hermano Roberto Pacheco, locutor número Uno de Cuba (Radio Rebelde), por lo cual me saludó desde donde estaba tan efusivamente que me acerqué, le pedí la palabra para hablar con el Sr. Aldo Notari e inmediatamente me la cedió y le platiqué  que había yo escrito un libro y que el beisbol ya tenía Dios y ese era Teobol, se estaban riendo junto con el Sr. Miguel Ortín (Presidente Ejecutivo IBAF) y al terminar este Congreso Técnico estaba yo platicando con ellos acerca de mi nuevo libro Mi Cerebro en el Beisbol, y del cual estuvieron interesados, me pidieron uno en CD por lo cual se los entregué y me dijeron que lo iban a leer detenidamente.

De Izquierda a Derecha: Eddy Martin (RIP), Aldo Notari,(RIP)

De esta foto sólo vivimos: Dr. Jaime Cervantes y Roberto Pacheco

Inmediatamente Roberto Pacheco me dijo: Vamos a comer comida china y vas a ser mi huésped, tengo un departamento para ti, su casa está frente al Hotel Riviera y viendo hacia el Malecón y al hermoso mar, así que me sentí en las nubes con Roberto.

Cuándo me iba a imaginar que Aldo Notari fuera a morir, la noticia me la dieron hace unas semanas y me acordé mucho de lo bien que me había tratado, siendo un caballero y que yo le había prometido visitarlo en Italia, no me dio tiempo, siempre he querido regresar a este País, pero las circunstancias me han creado muchos deberes.

En Cuba a donde iba muy frecuentemente me contaban, que le gustaba mucho estar ahí con toda esta gente grande del béisbol mundial, cosa que él me lo dijo también, que iba a Cuba porque se sentía como en su casa, tenía mucho aprecio por este hermoso país y grandes amigos, como Eddy Martin, Roberto Pacheco el mejor locutor de béisbol en Cuba, Héctor Rodríguez que transmite por TV los eventos deportivos para Cuba.

Hace también algunas semanas me dieron otra mala noticia, Eddy Martin con quien platicábamos de béisbol y me preguntaba sobre el de México con mucho interés; también falleció.

Juanito Martínez, mi hermano me trae a la cabeza recuerdos inolvidables con su artículo, gente tan bella, tan apreciada por este mexicano y aquí se los ofrezco:

 

El amigo Eddy

   La sensible pérdida de Eddy Martin nos golpeó a todos, en especial a la gente de los medios de comunicación, con independencia de las relaciones personales. Impronta demasiado grande como para no dejar huella. Con él terminó una época que pudiéramos llamar romántica en la historia de las narraciones deportivas.

   Su paso y significación por la radio y la televisión es de dominio público. Maestro en el mejor sentido de la palabra, no en un aula con pizarrón, tiza y borrador, que no le hubieran asentado, como él mismo definió alguna vez, sino de los que reparten maestría a cada paso, y de la buena.

   Jamás dejó hueco sin llenar en conocimientos ajenos. Su palabra estuvo siempre al servicio del pueblo, y es ahí donde fue más grande. Se sabía el mejor, el más completo, como solía afirmar de Casanova en el diamante, pero no se lo creyó ni se le subieron los humos, como a otros inferiores. Iba llevando una envidiable sapiencia por doquier y repartiéndola, que lo inmortaliza.

   Lo conocí, como buen cubano de una generación posterior a la suya, desde siempre. Su voz me cautivó, la seguía. No me fue ajena cuando, al comienzo de nuestras Series Nacionales, lo escuché por radio y televisión. Es que Eddy estuvo desde los años cincuenta del siglo XX haciendo trabajo de periodista. Aquel guajirito de Tamarindo se elevó a la cumbre con paciencia de orfebre. La Revolución aceleró ese proceso.

   En época de los Manolo de la Reguera, Cuco Conde, Rubén Rodríguez y Felo Ramírez, entre otros, se oía la voz de Eddy, quien estuvo en el estadio del Cerro aquella vez que los muchachos de la FEU se lanzaron al terreno para protestar contra la tiranía de Batista. Me contó que los narradores mantuvieron una actitud digna, en especial Felo Ramírez, su compañero de entonces, quien después tomó otro rumbo.

   A partir de las Series Nacionales, me atrevo a asegurar que la voz de Eddy fue familiar en todos los hogares, con una forma de decir bastante ortodoxa, a la antigua, con aquello de “Y la bola se va elevando…” pero con un sello distintivo que mantuvo hasta el último aliento. No podía ser de otra forma, porque fue fiel, sincero, y eso se agradece. No era voz de grandilocuencias ni epítetos lisonjeros estériles. Supo dar un toque de distinción a cuanto hizo, que fue mucho.

   Algunos lo asocian solo con la narración deportiva, están equivocados. Así entraba en nuestras casas todos los días, a cualquier hora: en un juego junto al inseparable Héctor; en programas sobre historia del deporte, donde fue erudito; en una crónica radial o televisiva; en reportajes para la historia, como en Naciones Unidas con Fidel, Dorticós o Raúl Roa; en vuelos cósmicos de vietnamitas y del cubano Arnaldo Tamayo Méndez. En fin, abarcó el más amplio espectro de la locución y el periodismo en nuestra Isla.

   No se circunscribió a Cuba, su voz era seguida desde cualquier confín, no pocas veces nos representó, hasta en Juegos de las Olimpiadas, narrando por la OTI. Cotizado al más alto nivel, fue fiel a su pueblo, el mismo que lo acompañó hasta su última morada.

   Enciclopedia viviente en temas del deporte, dejó constancia definitiva con sus libros. Por la ruta del Olimpo es un ejemplo de la capacidad intelectual de Eddy Martin. Narró con maestría simple momentos memorables de los Juegos Olímpicos donde participó, y de otros. Hoy se utiliza en las aulas universitarias.

   Recientemente publicó Memorias a los setenta y… que se convirtió en un best seller antes de salir a la venta. Tuve el honor de conocerlo en el proceso de creación, bastante antes de su presentación, desde entonces supe de su imprescindible raigambre popular. Lo acompañó con otro sobre béisbol para niños, a quienes dejó un testimonio fiel, como todo cuanto hizo.

   Busque usted, con paciencia de orfebre, algún periodista deportivo que lo haya superado o abarcado un diapasón tan grande con innegable calidad. Algunos se destacan con la palabra, la improvisación, el ingenio, la creatividad, y podemos poner ejemplos.

   A mi juicio, el mejor narrador que ha tenido este país y bien allende los mares, es Bobby Salamanca; el propio Eddy lo reconoció. Aquel decir genuino aportando cosas nuevas en cada transmisión lo inmortaliza. Un torrente de ideas que tenían el hilo conductor de su voz, salía al éter para millones de oídos receptivos.

   Durante varios años compartieron Salamanca y Eddy los micrófonos. Dúo para no olvidar, con doble signos de admiración permanentes. Bobby era la creación de un estilo no superado, con un caudal de ideas inalcanzable. Eddy representaba el sosiego, la paz, mesura imprescindible para complementar el dúo. Después pasó a la televisión. Salamanca quedó con Pacheco y él con Héctor, cuando las transmisiones televisivas se generalizaron hasta nivel internacional.

   Sobre la impronta de Eddy Martin en el país mucho se ha dicho en estos días, a raíz de su pérdida en una escaramuza que nunca debió ocurrir. Otro lamentable accidente nos priva del privilegio de convivir con un señor del periodismo deportivo y del deporte. Fresco tenemos en la memoria a Alejandro Urgellés, valladar infranqueable del basket cubano, a quien Eddy narró infinidad de veces, especialmente en aquel partido de leyenda donde Cuba derrotó a Italia y se adjudicó, por primera y única vez hasta la fecha, la medalla de bronce olímpica en el baloncesto de Munich 1972.

   Y Roberto Balado, víctima también de un accidente fatal, cuando estaba en plenitud de facultades para imponerse en varios Juegos de las Olimpiadas. Recuerdo que Eddy predijo su futuro, con aquella parsimonia que lo caracterizó, sin ausencia de apasionamiento por los suyos.

   Junto a Salamanca narró los desafíos de Cartagena 1970, donde José Antonio Huelga se convirtió en héroe cuando venció a Burt Hooton, el mejor lanzador que nos haya enfrentado en la arena internacional, en un desafío para no olvidar. Eddy parecía no caber en aquella envidiable voz. Él y Bobby se abrazaron en la cabina con ojos húmedos, cual muchachos ante un responso.

   Ahora se une, en el infinito, a Urgellés, Balado, Huelga y otros que, lamentablemente, dijeron adiós por imprudencias antes de tiempo. Y uno no puede menos que sentir lástima por el chofer que embistió a Eddy. No podía imaginar su entrada en la historia por sacar de entre los vivos a una leyenda, a quien seguramente también admiró. Así es la vida, llena de sorpresas buenas y malas, de tragedias eternas.

   Personalmente lo conocí hace varios lustros. Cuando conversábamos ponía atención a cada palabra, cada idea del universal periodista. Compartimos en varias ocasiones. Eddy fue un polemista encendido, como cubano al fin. No solo ante los micrófonos y las cámaras. Por prudencia, a veces se dejaba dominar, pero como Galileo decía: “Y sin embargo se mueve…”

   Cuando estaba enfrascado en las investigaciones para mi libro el Señor Pelotero, pudimos entrevistarlos a él y a Héctor en la misma habitación del Hotel Pinar del Río. Héctor lo despertó en la cama, envuelto en una colcha, con gripe y fiebre. Nos atendieron como siempre. Dieron opiniones elevadas sobre Luis Giraldo Casanova.

   Al final de la entrevista les preguntamos su equipo ideal de Series Nacionales. Y apareció la polémica en una posición. Héctor no entendía que Eddy ubicara en el jardín izquierdo a Fernando Sánchez y éste acudió a lo numeritos. Efectivamente, si de números se trata, nadie como el matancero. Pero Héctor iba a otras cosas, se decidió por Armando Capiró, como yo, Eddy quedó en desventaja. Un rato estuvimos rememorando las bondades de uno y otro slugger, pero se mantuvo en sus trece.

 

Dr. Cervantes y Omar Linares

   Después le pedí el prólogo para El Niño Linares, me comentó que estaba en varios trabajos, otros prólogos, etc., pero que a mí no podía decirme que no, por su relación con mi hermano Tito, quien fue su discípulo, y por tratarse de Linares. Así me entregó unas letras inolvidables.

 

De izquierda a derecha: Juanito Martínes de Osaba y su hermano Tito

   Varias veces sonó su teléfono ante mi insistencia, alguna que otra vez el mío. Cuando hablábamos aumentaba mi admiración hacia Eddy. Un día le pedí presentar la película Honor y gloria, sobre la vida de Roberto Ortiz, aquel jonronero de antes de 1959. No lo pensó dos veces. Invité a toda la prensa especializada acreditada en un play off. Esperamos un buen rato para comenzar en el cine Praga, hasta que apareció Eddy Martin, en atuendo deportivo y la buena cara de siempre. Otros se excusaron, que si el transporte o no sé qué cosas. Eddy vino a pie por toda la calle Martí, respondiendo el saludo popular. Se detuvo en La Colosal y departió un rato con la gente, por eso se demoró.

   Habló del Gigante de Senado y la pelota cubana antes de 1959. Me fue señalando cada jugador. Hasta a Martín Dihigo descubrí por él en aquella discreta, pero memorable cinta. También Manolo de la Reguera, Cuco Conde y otros. A Chicharito y Sopeira vestidos de habanista y almendarista respectivamente.

   Cazador de anécdotas, le pedí varias a Eddy. En una habitación del Hotel Globo, hace bastantes años, junto a mi hermano Catibo, Héctor, Salamanca y otros, tragos por medio, una me dejó prendado. Resulta que Orlando Peña, aquel estelar pitcher almendarista, amigo suyo, cuando abandonó el país le regaló un Oldsmobile convertible del año, una verdadera joya que Eddy disfrutó solo un tiempo, porque al hacerse definitiva la salida del Guajiro Peña, le pidieron los papeles del auto. Como ese “sencillo trámite” no se efectuó, tuvo que entregar el flamante Olsdmobile.

   Por su boca conocí de lo “ahorrador”, por no decir otra cosa, que es Felo Ramírez, incapaz de pagarse un café con los amigos, ni reconocer a Teófilo Stevenson sobre el cuadrilátero. Le ponía un toque de distinción a cada anécdota.

 

Dr. Jaime Cervantes y Teofilo Stevenson

   Un día me sentí honrado. Resulta que Eddy tenía terminado su libro Memorias en los setenta y…, pero no sabía cómo publicarlo, me pidió ayuda. No pude menos que decirle: -- Eddy, usted lleva su libro a cualquier Editorial y es un cheque al portador, lo publicarán de inmediato. -- ¿Tú crees? – Indagó. – Puede ponerle el cuño, el pueblo no merece perderse sus memorias.

   Hoy es una realidad, espero presentarlo un día no muy lejano en Pinar del Río, pues ya recorrió el resto del país. No puedo dejar de pensar en aquella modestia proverbial de un Premio Nacional de Periodismo, capaz de acercarse a este humilde hacedor de letras para pedir consejos. A partir de aquel día lo admiré más.

   Y se nos fue Eddy, quien todavía tenía mucho para darnos, con aquella mesa llena de papeles en la cabina de transmisión y una memoria por encima de los papeles. Con él desaparece un estilo y toda una generación. Vendrán otros mejores, iguales o más malos, pero su impronta quedará por siglos, como huella definitiva del buen decir.

   ¡Hasta siempre, hermano del pueblo! Caballero del arte y del micrófono.

   Fue un trabajo para Uds., del profesor Juan Antonio Martínez de Osaba y Goenaga.

La Habana, Cuba, 7 de septiembre de 2006

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