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Profesor Juan Antonio Martínez de Osaba y Goenaga

 

 

 

 

 

Tema musical:

"Gozar la vida"

 

 

 

BATEADORES VERDUGOS

 Profesor Juan Antonio Martínez de Osaba y Goenaga.

En la pelota, como en la vida toda, la psiquis del individuo juega un papel determinante. Algunos están mejor preparados para ciertos momentos y se sienten a sus anchas cuando otros ni siquiera desean enfrentarlos. Ahí no determina el talento ni la calidad alcanzada a base de mucha técnica y fuertes entrenamientos. Esto no sucede solo individualmente, también en la llamada Psicología Social, donde hay grupos por encima de las treinta personas. Así vemos buenos equipos que sucumben ante malos y malos que arrasan con los buenos, son las cosas de la psiquis.

   Cuando estuve en la XI Serie, donde debuté, entre otros, con Leonildo Martínez, ese gigante con alma de niño, le comenté varias veces sobre los bateadores verdugos. Lo hice, porque fue el mejor bateador que tuvo  en contra el inmortal Santiago, Changa Mederos. El zurdo industrialista no lo ocultó, se sentía inferior a El León de Vueltabajo. Ninguno de los estelarísimos integrantes de las selecciones nacionales, ni de equipos foráneos, le conectó con tanta facilidad, y póngase usted a averiguar por qué. Son razones psicológicas.

   Les pongo otro ejemplo: el pelotero de mejor vista en nuestras series es Urbano González, quien estuvo en trece temporadas y en 3 203 comparecencias al bate, solamente se ponchó en 67 ocasiones. Puede buscar con lupa otro mejor y no lo encon­trará, pero Urbano también tuvo su verdugo vueltabajero. --Todo cuello lleva su corbata. --Decía el abuelo Pancho.

   El zurdo Ciprián Padrón, Tati para sus compañeros y amigos, jugó contra Urbano y hubo días de propinarle hasta tres ponchetes, lo sacaba de juego; como decimos en buen cubano, le cogió la baja. El estelarísimo industrialista, e integrante permanente durante casi una década de las selecciones nacionales, sucumbía ante los lanzamientos, indescifrables para él, de Tati. El propio Ciprián no se lo explica. Me ha comentado que Urbano llegó a tenerle miedo, que nunca lo quería en contra, ni siquiera en los entrenamientos, cuando coincidieron, porque le perturbaba los entendimientos, la psiquis le trabajaba duro.

  

Niño Linares

  Cuando me invitaron, en el mes de abril del 2002, al Juego de las Estrellas, en la bellísima ciudad de Holguín, para presentar mi libro El Niño Linares, fuimos juntos en el ómnibus. Aproveché la ocasión y le espeté a boca de jarro una pregunta que conocía:

   --¿A quién le bateabas mejor?

   -- No titubeó: --A Manuel Alarcón.

   --¿Y quién te fue más difícil? --Sin vacilar me respondió: --Ciprián Padrón.

   He ahí un asunto para la Psicología.

   Fue un trabajo para Uds., del profesor Juan Antonio Martínez de Osaba y Goenaga.

 

SU ALTEZA EL JONRÓN

Barry Bonds

 El béisbol de Grandes Ligas tiene, desde hace unos días, en Barry Bonds a su nuevo superjonronero. Para nadie es un secreto que el jonrón es el non plus ultra del delirio en la pelota. La gente lo busca como cosa buena y no perdona un ponche de sus sluggers a la hora de la verdad, como si ellos quisieran embriagarse de tal forma y salir adoloridos en cuerpo y alma del terreno. No es sencillo eso de conectar jonrones. Quizás nadie recuerde el primero, ni en qué terreno, ni a qué hora, ni contra qué pitcher, porque en sus inicios nada se sabía de eso ni las estadísticas estaban por doquier. Entonces el bateador le pedía al pitcher el tipo de lanzamiento que deseaba y éste, caballerosamente, se lo servía. Ahí venían los estacazos con bates de poca monta y pelotas fofas, según los entendidos en la materia.

   Pero todo eso evolucionó hacia las formas que hoy conocemos. En el béisbol profesional, sobre todo el de Grandes Ligas, se anota hasta la sonrisa de cada jugador, a veces los locutores nos recuerdan que Babe Ruth, el día tal, a tal hora y con un clima bueno, se ponchó sin tirarle a la bola frente a un lanzador desconocido. Eso sucedió una o dos veces a lo sumo, pero está perfectamente codificado y la gente corre a leer tales nimiedades.

   Y no quiera usted ver cómo se introducen en las vidas de los jugadores, a quienes persiguen los paparazzis como si fueran grandes estrellas de Hollywood. Uno de los matrimonios más fotografiados y filmados fue el de la inigualable Marilyn Monroe con el también insuperable Joe DiMaggio, incluyendo sus momentos de violencia, celos y otras cosas que ya no hablaban tan bien de la pareja. Con esa relación, el Yankee Clipper se convirtió en alguien de la farándula, como su bellísima y sensual esposa.

   A propósito, el tacto de DiMaggio fue prodigioso. No recuerdo otro jugador capaz de conectar 361 jonrones en su carrera y solo poncharse 369. Casi a un jonrón por cada ponche. Busque usted en cualquier libro, acuda a las más sofisticadas estadísticas y no encontrará algo similar. Tampoco hallará una rubia tan despampanante, atrevida, seductora, codiciada, amorosa y frívola como Marilyn, cuyo paso por la vida debió se mejor, pero la maquinaria que la construyó, también la destruyó.

   Otros jugadores han dejado huellas indelebles en el terreno, como Brook Robinson a la defensa en tercera base, o El Mago de Oz, Ozzie Smith; otros han corrido como nadie y robado bases, como Ricky Henderson, y así sucesivamente, pero sigue mandando el jonrón. Y si es un grand slam, como bautizaron los rubios del norte al que se despacha con las bases llenas, entonces es lo supremo.

   Un acontecimiento extraordinario acaba de acontecer por aquellos lares, el mundo entero se vuelca hacia la noticia y nosotros no podemos ser menos.

   Fue un trabajo para Uds., del profesor Juan Antonio Martínez de Osaba y Goenaga.

 Pinar del Río, Cuba, 8 de octubre de 2007

                                    

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