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Prof. Juanito Martínez de Osaba y Goenaga

 

 

 

Fondo musical:

Mi Tierra de Cuba

 

 

 

 Minotauro Lazo

Por el Profesor Juan Antonio Martínez de Osaba y Goenaga

   Se dice fácil, pero alcanzar 200 victorias en cualquier tipo de béisbol es sumamente difícil. Lanzadores de la talla de Camilo Pascual, para mí el mejor derecho cubano de la historia, no alcanzó la codiciada meta. Jugó en equipos débiles, solo obtuvo 172.

   El primero en Series Nacionales fue Braudilio Vinent. ¿Quién si no? Después Jorge Luis Valdés, Rogelio, Lázaro de la Torre, Lazo y Carlos Llanes. Vinent ganó 221. Lo superó Valdés, con 234. Nuestro Ciclón de Ovas y De la Torre, increíble longevo, quedaron igualados en 202, hasta que el habanero regresó de ultratumba y sumó otros tantos; este año llegó Llanes, con permanencia a imitar. Y pare de contar.

   El santiaguero, el yumurino, el isleño y el capitalino lo hicieron en veinte temporadas o más. Rogelio en dieciséis. Si su brazo no flaquea no se sabe hasta dónde hubiera llegado. El Rascacielos Verde tiene 211 sonrisas en quince campañas. En esta debe agregar otras, y en la Súper Liga. En eficiencia no tiene émulos. Las logró en menos tiempo, con aplastante promedio de ganados y perdidos, superior a 700. Retumba con estremecimiento poco usual.

Pedro Luis Lazo

   Joven, en plenitud de facultades, bien motivado, ha hecho del montículo sitial de honor. Cuando eleva sobre los hombros la bola enguantada para llevarla a velocidad supersónica al plato, los bateadores tiem­blan. Pone en sus caras la pelota.

   En el mundo cinematográfico buscan al mino­tauro, monstruo con cuerpo fortísimo de hombre y rostro salvaje, que anda laberínticamente en mentes de críticos avezados, que destripan a tal o más cual productor, director, actor. Descubren vericuetos ocultos al espectador.

   Lazo es nuestro minotauro. El monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro era inaccesible; él no. Fuerte, dispuesto como nunca, lleva su fuerza desde la lomita, aunque a veces se desconcentre o nos ponga de pie; mayoritaria­mente se repone.

   Desde Rogelio, Julio, Guerra, Oliva, Salgado, Pino y tantos otros, es nuestro gran pitcher. Los hubo cerca, pero ninguno con tal consistencia. Nuestro gran ganador, inspirador, se echa encima el equipo contra viento y marea.

   Algunos recordarán el fatídico lanzamiento alto ante el lesionado e incomparable Pacheco, para vencernos en final de leyenda. Otros menos traumáticos se le escapan; es parte del juego, ley de probabilidades.

   Momentos que se estrellan ante virtud sin límites. Río Feo, Pinar, toda Cuba tendrá que agradecer al hombre voluntad, que nos recuerda a Oliva por coraje paradigmático en momentos trascen­dentes. Gusta la candela, sin medias tintas. Los managers que le dan la bola con victoria o derrota encima, pecan. Busca emoción  de momentos cumbres. De la infinidad, me referiré a uno.

   Cuando en Winnipeg 1999 José Ibar lanzaba impecable, vino la provocación política de un fanático. Desconcentración de bolas en partido decisivo. Alfonso, hecho para esos momentos, miró al bullpen, distinguió al El Rascacielos con brazos abiertos, buscaba pelea. No vaciló, decidió por Lazo, quien llegó a la lomita como minotauro; era juego ganado. Toro de lidia entrenado para atacar y ganar en ruedos virtuosos. Pocos lanzamientos. Rectazo a más de 95 millas que puso en estado de alerta máxima al zurdo que días atrás agredió al novel Pestano.

   Tal decisión tuvo mucho que ver con Cuba en Sydney 2000. El Relámpago de Bahía Honda no pensó en otro. Yo hubiera hecho lo mismo, exacto en momento exacto. Preci­sión de relojero, arma para directores que se sienten grandes con hombres de su talla.

   Mal usado en Sydney 2000 y en el primer juego del Clásico 2006, sufrimos. Después levantó, como sabe hacerlo, y nos regaló actuaciones para la historia. Nadie brilló más ni fue más seguido, desde el montículo, cargando bates, consejero de noveles, minotauro en función celestial. Chicos el Hirám Bithorn y el Petco Park, como quien lanza en el San Luis o el Latino. Solo se trataba de bolas y strikes.

   Festejo con Lazo sus victorias. Observo al minotauro, alzo mi copa en casa y brindo a la pequeña pantalla. Repican campanas del honor, otro bien grande escaló la leyenda.

   ¡Bendita pelota que nos permite coexistir con tales prodigios, desde la intimidad!

 Jueves de lujo en la Loynaz

Así se expresó Juan Ramón de la Portilla, Director del Centro de Promoción y Desarrollo de la Literatura en Pinar del Río, cuando intervino para reconocer la iniciativa de llevar a cabo la conjunción de dos espacios destacados de esta institución, en uno solo por esta vez, cuando el conductor de la Peña Estampas de la Vueltabajo tuvo como invitado a Juan Antonio Martínez de Osaba, conductor de la Peña La Cultura y El Deporte , algo similar había ocurrido cuando aquel invitara a Ortega para que entre los dos departieran con el estelar lanzador de la pelota cubana Pedro Luis Lazo en su peña de abril.

De izquierda a derecha: Juanito, Lazo,

no identificado y Lázaro.

Lujo garantizado además porque se trata de un invitado que, en su labor creativa, es ejemplo digno de la simbiosis Literatura y Deporte que preconiza su Peña, es el autor de libros como “El Señor Pelotero” dedicado al mítico Luis Giraldo Casanova; “El Niño Linares”, sobre ese otro grande de la pelota cubana; “Cosas de la Pelota”, primera parte de una trilogía que continúa su más reciente libro “Nosotros los Peloteros” y de numerosos ensayos, textos de Historia del Deporte y en estos momentos se encuentra a medio camino de un ambicioso texto sobre la filosofía del deporte, entre otros proyectos. Martínez de Osaba, de palabra fácil y fluidez de comunicador excelente con esa maestría pedagógica que su oficio de profesor titular le mantiene alerta, supo afrontar las numerosas interrogantes sobre su vida y desempeño profesional y autoral que no sólo Ortega, sino otros de los presentes le propusieron en medio de un clima de elevada empatía.

Esta vez la Peña, en su primera parte, trajo como Estampa de la Vueltabajo la alusión al campeón Mundial de Automovilismo,  el  pinareño Grenier, quien obtuvo su trofeo en el circuito europeo en el año 1928 y a su regreso invirtió en la famosa Arena Grenier de esta ciudad...y devino la Peña también homenaje al Campeón de los Cronistas Deportivos de Vueltabajo, recientemente fallecido, el caballeroso y ejemplar Idelfonso Ballart Montano, pues Ortega introdujo como apertura de la misma la alusión a esta lamentable pérdida, mediante anécdotas que fueron enriquecidas por familiares de esta significativa figura pinareña presentes en esta ocasión.

Y fue de lujo, sin duda alguna la intervención del bolerista Lázaro Reyes como invitado de ambos conductores, ya habitual en sus peñas.

Cuba, 18 de junio de 2006

                                    

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