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El que se hace de miel...
Por el Profesor Juan Antonio Martínez de Osaba y Goenaga

Estadio Latinoamericano
La Habana, Cuba
En una poco frecuente
tarde caliente de agosto, sin lluvias, nos fuimos al terreno para un
partido de ocasión. Miramos más al cielo buscando nubes que a la
alineación rival. "Nené" (nuestro manager) nos reunió y
dijo:
-"Este es un juego sin
importancia, pero hay que jugar con todo, como si lo fuera. Es que
tenemos que prepararnos fuerte para lograr la clasificación..."
Acto seguido le tiró la
bola a "Tito Caracoles"(nuestro pitcher), el más veloz y
también el más descontrolado. Estábamos en el dugout de primera. Los
bisoños de segunda categoría, junto a veteranos que habían visto pasar
sus mejores años, se nos mostraban cual corderitos. Vestían con lo que
podían, amparados en técnica primitiva.
"San Juan"(umpire)
dio la voz de play ball y salimos al terreno como home club. Gritábamos
cual juego decisivo de la nacional. Ingenuamente creímos que seríamos
mejores.
La voz de Monguito
(fanático) me maltrató los nueve innings.
El manager decidió dar
oportunidad a algunos novatos en los jardines, incluyendo una joven
promesa en el central. Zurdo, de buen brazo y excelente fildeador, se
ubicó bien detrás para modesto bateador. Lo llamé y ubiqué mejor.
El primer hombre en turno
recibió fortísimo pelotazo en las costillas que provocó quejido de marca
mayor. Refunfuñando fue para primera. "Caracoles" pidió
disculpas, que con malas ganas aceptó el adolorido. En turno el fornido
“Tanganika”. La pelota escapada fue a dar con la parte trasera de
su anatomía y chocó con la nalga izquierda; el grito se oyó a más de
quinientos metros de distancia, y creo que me quedé corto. "Caracoles"
pidió disculpas, que con peores ganas aceptó el segundo adolorido.
Aquel hombre de roble que
responde al nombre de "El Niño" Carmona, se acercó a home empuñando el
madero.
Amigo entre amigos,
acariciador de nobles causas y con fuerza poco común, se destacó por su
entrega total a cuanta obra abrazó. Lo recuerdo con luengas barbas de
ébano al bajar de la sierra de los órganos entre barbudos el 1ero de
enero de 1959. (Triunfo de la Revolución Cubana).

Revolución Cubana
Todos coreaban:
"Niño.... Niño..." Y él se quitaba el sombrero cual torero con el
fogoso animal a sus pies.
Prosigamos con
el juego
Cruzaron miradas poco
agradables. El lanzador puso cara de car nero degollador. El hombre (El
Niño) en turno se sintió más confiado, lo convidó a pasarla por ahí,
por el centro. En fracciones de segundo cayó tendido sobre el plato como
mosca ante veneno crucial. El bolazo sobre los párpados amenazó con
sacarlo de entre los vivos.
Y no soportaron más.
Aplacamos a los jugadores como pudimos y "Nené", previendo
trifulca de marca mayor, extrajo al pitcher de tres lanzamientos y en su
lugar puso a "Juanito Peluquera", zurdo de pelotas endemoniadas,
que quiso dominar la curva y no pudo en el primer pelotazo que otorgó. Y
eran cuatro.
Volvió el manager al box,
perdíamos una por cero con solo cuatro lanzamientos, ninguno conectado,
sin vez oficial al bate, sin llegar al receptor. Orientó tirar rectas
por el centro de home. En definitiva, entendió que era preferible perder
a batazos que a pelotazos. Entonces surgió la posible solución.
Rolando, el eterno
jodedor, recomendó al director que yo lanzara. No lo tomé en serio, pero
"Nené", increíblemente, me preguntó:
-Juany, te atreves a
pitchearle y sacar outs a esta gente. -No se hizo esperar la respuesta-:
-¡No "Nené"!, yo ni sé, ni
quiero aprender a pitchear. –
-¡Entonces lo voy a hacer yo
mismo, qué carajo!.
Le quitó la bola a "Peluquera",
con su único lanzamiento, y se encaramó en el box como en su época de
esplendor, dos décadas atrás. Me dijo:
-Para que me
respeten, voy a separar a este, que se cree un big leaguer. -Y le
contesté:
-Cuidado con
otro pelotazo, que esto se va a acabar como la fiesta del guatao. No se
puede pensar en esas cosas, lo que hay que hacer es sacar outs.
El árbitro nos mandó a
continuar.
El primer
lanzamiento de "Nené" fue al rostro del quinto bate, que se tiró
al suelo cual ninja asustado. Blasfemó algo desde la incómoda posición,
se subió las mangas de la camisa bien subidas y, a partir de allí, le
tiró a todo lo que le sirvieron. Un par de ellas no las alcanzaba ni con
dos bates.
Al fin terminó la primera
parte del primer inning
con dos carreras en contra.
Por nuestro
equipo pasó a batear Julio "Bigotes", que paró con el brazo
derecho un lanzamiento que vino hacia él con malas intenciones. Salió
disparado para primera, como cuando se conecta un extrabase y trata de
irse hasta el infinito.
El turno para el
moreno Valentín .por la cabeza le pasó la bola que supo esquivar.
Sin casco, hubiera sido víctima fatal en brazos del inexcusable tirador.
Evidentemente, cobraban venganza; y no era para menos; sacó un
fácil elevado al short y fue el primer out. Y llegó mi turno.
Como no soy guapo
(valiente) ni me las doy de súper macho, pedí tiempo y fui hablar con el
lanzador. Y le dije:
-Oye mi hermano,
en la casa tengo una caja de cervezas, yerta que espera por nosotros. No
les hagas caso a estos cabrones, tú sabes que no somos enemigos ni un
carajo. Venga, dame un abrazo.
El hombre abrió bien los
ojos sin saber qué hacer. Miró para el short, donde estaba "El Niño"
Carmona, mi respetado amigo y vi cuando sonrió.
"San Juan"(Umpire)
quiso expulsarme, pero lo convencí y le dije:
-Al que menos
le conviene es a ti, se te puede ir de las manos el juego y te vas a
desprestigiar, déjame hacer las paces con esta gente. Y me contesto:
-Bueno, pero
termina ya. –
Le dije al
pitcher
-Ok mi socio,
pitchea bien, coge el control del mundo y no me golpees, por favor.
Le di una
palmada al pitcher en el hombro y me fui a batear
El pitcher me
tiró un caramelito por el medio de home que no pude ni quise perdonar.
Le soné un lineazo que fue a estrellarse directamente a la cerca del
left center y se convirtió en triple. Furioso me miró el pitcher cuyo
nombre no recuerdo y yo, lleno de vítores y aplausos, abrí los brazos
cual si entre ellos lo apretara. A partir de allí, para todos, fue mi
cómplice.

Atardecer cubano
Aquella calurosa tarde de
agosto, desacostumbrada, sin lluvias, me confirmó el refrán que miles de
veces oí al abuelo Pancho: "...El que se hace de miel, se lo comen
las hormigas..."
Fue un trabajo para Uds.,
del profesor Juan Antonio Martínez de Osaba y Goenaga.
Pinar del Río, Cuba, 24 de mayo de 2005 |